Jóvenes Estrellas: Crecer de Golpe

A partir de la década del 90, en toda América Latina se ha incrementado notablemente el número de jóvenes que pasaron fugazmente la etapa de la adolescencia para ocupar, desde edades muy tempranas, roles que anteriormente estaban reservados a los adultos.

Haciendo una vista panorámica a nuestro alrededor podemos observar adolescentes cada vez más precoces, en situaciones que no están preparados para afrontar.

Jugadores de fúlbol cada vez más jóvenes, modelos publicitarias cada vez más chicas, madres que no llegan a los 14 años, hijos que sin llegar a la adolescencia son responsables del sostén económico de sus familias, líderes de grupos de música que no pasan los 15 años, etc, etc, etc. Todo esto como consecuencia de drásticas situaciones políticas y socioeconómicas, como también algunas estimuladas por los medios de comunicación y una sociedad que parecería no estar preparada para enfrentarse con el paso del tiempo y que sustenta la bandera de la “Eterna Juventud”.

Pensemos en voz alta: ¿Dónde comenzó todo esto? ¿Quiénes empujan a los millones de chicos a borrar etapas? ¿Quiénes respaldan este oscuro plan que maltratará varias generaciones en el futuro? Parecería ser que por medio de la TV, revistas, radio, etc nos llevaron a pensar que la adultez no es signo de sabiduría, sino señal de decadencia, y que la imagen juvenil es un nuevo modelo de vida, que hay que mantener peleando con uñas y dientes. Este es un pensamiento que se ha fijado fuertemente entre nosotros.

 
  Nuestros jóvenes están siendo estimulados, seducidos y acorralados a ingresar en una rueda que no solo rotan los juguetes (objetos olvidados y tan necesarios), los compromisos y responsabilidades, sino también una vida mental y emocionalmente sana. Los chicos de hoy son acorralados a saltar escalones de su vida adolescente para convertirse en adultos precoces.

Los niños, a determinada edad, no están preparados para decidir por si mismos que es lo que más les conviene. Cabe aquí, la responsabilidad a los adultos de no empujarlos a convertirse en estrellitas televisivas, de no presionarlos a ser el nuevo ídolo del club o el soporte de toda la economía familiar.

La iglesia tiene que tener una mirada comprensiva y estar atenta a estas pautas de vida que lastiman y dejan heridas muy difíciles de sobrellevar.

Como buen argentino soy un amante del futbol, y tuve la oportunidad a los 13 años de jugar en las inferiores de un conocido club de la zona sur del Gran Buenos Aires. Mi recuerdo, de un tiempo no tan lejano, es medio borroso. Pero recuerdo con nitidez cuando les dije a mis padres que prefería quedarme con mis amigos jugando un “picadito” (como decimos en Argentina a un partido de futbol en el barrio) en vez de entrenar tantas horas. No estoy en contra de los sacrificios que se deben hacer en pro de un sueño, lo que no debemos permitir es que nuestros adolescentes y jóvenes se pierdan de vivir etapas tan necesarias para el fortalecimiento de su personalidad, el crecer acorde a su edad. Como dice la Biblia, “todo tiene su tiempo…”. Doy gracias a Dios porque mis padres comprendieron lo importante que tenía que ser el tiempo de juego, y por así decirlo “de irresponsabilidades” que deben tener los mas jóvencitos. Ya llegarán tiempos en donde uno tendrá que hacer caso a las responsabilidades.

  La tarea de los Pastores y Líderes, dentro de sus posibilidades, es suministrar a los adolescentes de su grupo un ámbito de crecimiento saludable. Pero es importante saber que ellos están viviendo bombardeados por ideas de responsabilidades y competencia que no son sanas para su edad. Nuestra misión también como siervos de Dios es el ofrecerles medios para fomentar el crecimiento de sus capacidades, incentivarlos a desarrollar actitudes maduras en lo espiritual y emocional, que les servirán en el futuro para ser mejores personas frente a un mundo tan hostil.

Frases de padres diciendo: “Con mi pibe si que me salvo”, o “Él no será como su padre; será un triunfador”, etc, son pesadas cargas en los hombros de un niño que no está preparado para afrontar el por qué no debo ser como…, o la responsabilidad de salvar a alguien.

Hoy en día predominan los adolescentes estrellas como modelos de los más pequeños y de algunos adultos. Esto trae aparejado una cultura superficial e inmadura.

Recordemos con mucha seriedad que aquellos que vemos riendo en los últimos bancos de la iglesia serán quienes se ocupen del trabajo que estamos haciendo. Por ello allanémosle el camino y reservemos un buen lugar.

Por
Adrian Intrieri

Adrián es Licenciado en Psicología. Es parte del equipo de CertezaJoven y actual Gerente de Marketing de Certeza Argentina. Es autor y da conferencias en Argentina y toda América Latina.

 

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