Lideres conforme al corazón de Dios

El Señor me ha permitido viajar mucho y he estado en contacto con diferentes culturas y maneras de pensar. He participado de diferentes actividades y he dedicado tiempo a meditar, a estudiar y a orar buscando discernimiento y nuevas ideas. Dios también me ha permitido hablar con personas más sabias, más experimentadas, más espirituales, más brillantes y con más lectura que yo, y cada vez me convenzo más: nada es más importante que el liderazgo.

 

Ejemplos versus Discursos

   Si le preguntas a cualquier miembro de cualquier iglesia cuál es la manera que Dios más ha usado para bendecir su vida, la mayoría no responderá que fue un libro, ni la Biblia ni una predicación. Si lo piensan bien y son honestos van a responder que lo que más ha influenciado sus vidas fueron personas.

Son personas las que te han ayudado a llegar hasta este lugar de tu tiempo y de tu historia. Seguramente la influencia más grande en tu vida vino de parte de las personas con las que te has podido relacionar. Será tu mamá o tu papá, tu pastor, tu líder de jóvenes, tus amigos o algún modelo de persona que te ha inspirado. Esas personas han sido la máxima influencia de tu vida.

Si ya estás en el liderazgo, probablemente tu estilo ha sido influenciado mucho más por los modelos de lide­razgo que has tenido que por alguna clase teórica de liderazgo, si es que tomaste alguna.

En la iglesia puede haber buenas enseñanzas teóricas, pero si no hay testimonios de vida las verdades bíblicas, quedarán en las cabezas y no se traducirán a la práctica. La iglesia del siglo pasado puso demasiadas esperanzas en las predicaciones y aunque muchos no quieran admitirlo, fracasamos. Lo digo como predicador: no es por medio de un discurso de cuarenta minutos frente a un micrófono que vamos a conseguir los resultados más consistentes; es a través dc relaciones. Los cambios los producen líderes que influyen en otros para que vengan a Cristo.

Dios te está llamando. Hasta ahora tal vez pensabas que el liderazgo es para los demás; o quizás lo considerabas un derecho exclusivo que te pertenecía sólo a ti. Ni lo uno ni lo otro: el liderazgo es para cada cristiano. He revisado varias definiciones de liderazgo, y todas tienen que ver con lo que se espera de cualquier cristiano.

Es cierto que algunos nacen con un paquete ideal para llegar al liderazgo y otros tienen un don espiritual particular. Cada uno será responsable por lo que pueda lograr con lo que recibe, pero lo cierto es que el liderazgo es para todos los nacidos de nuevo.

 

Visión versus Tradición

   En la aldea industrializada que es el mundo de hoy, se husmea con ansiedad por encontrar visión. Literalmente, son miles las conferencias acerca de visión patrocinadas por las grandes multinacionales alrededor del mundo. Los ejecutivos de las más grandes corporaciones están siempre en busca de visión. Proverbios 29:18 declara que “dónde no hay visión, el pueblo se extravía” y los líderes de los grandes bloques económicos están de acuerdo. El liderazgo efectivo siempre fue inspirado por una visión.

“La imaginación es más importante que el conocimiento”, decía Einstein. Sin imaginación, el conocimiento lleva a repetir lo que otro o uno mismo ya hizo. Hay dos maneras de ganar experiencia: una es dejando venir al futuro, otra es creándolo. La visión tiene que ver con la fe. Es la convicción de lo que no se ve.

Escuchaste la historia del negocio que vendía bebidas en Atlanta y. por error, mezcló un jarabe dulce con agua carbonada en vez de agua simple? Al dueño, Sa Chandler, le gustó el sabor y decidió ponerlo como otra de las bebidas que se podía tomar en su negocio. La bebida estaba teniendo mucho éxito y se convirtió en la bebida preferida del lugar.

Un día uno de los clientes, B. N. Thomas, le preguntó a Chandler por qué no empezaban a producir la bebida en cantidad, para venderla en botellas que la gente pudiera llevarse a su casa. Chandler dijo que no iba a funcionar. Pero Thomas insistió y ofreció comprarle la fórmula y el derecho a vender la bebida. La gran suma que Thomas pagó fue de… ¡un dólar! La bebida se llamó Coca-cola, ahora el producto más famoso del planeta. Chandler no tuvo visión. Soltó un negocio multimillonario por no ver un poquito más allá de su pequeño negocio.

Dios es dador de visiones. Entre otras cosas, las iglesias crecen cuando tienen clara la meta a la que se proponen llegar. La ven; saben concretamente qué están queriendo lograr. Lo mismo ocurre en la vida individual. Si no has visto la imagen del rompecabezas terminado, es imposible armarlo.

¿Tienes una visión del reino? ¿Ves a Jesús sentándose en el trono de la vida de tu familia? ¿Lo ves levantándose con victoria sobre Satanás? ¿Lo ves con el puño cerrado reclamando su señorío sobre tu ciudad y con sus brazos abiertos diciéndole te amo aun al último pecador de tu barrio? La imaginación juega un papel fundamental. Necesitamos ver lo que Dios ve. Jesús nos enseñó a orar diciendo “venga tu reino”. La pregunta es: ¿Lo ves venir?

No es casualidad que la Biblia termina con una revelación acerca del futuro. La visión nos ubica, nos enfoca. Los hombres y mujeres de Dios que recibieron una tarea de Dios para hacer, tuvieron una visión: vieron cumplida la obra de Dios, y se esforzaron y lucha­ron por eso.

 

Autoridad versus Tiranía

La segunda cualidad de un líder conforme a Dios es la autoridad legítima y apropiada que ejerce. Una vez quedé en medio de un embotellamiento en Brasil. Era un caos, parecido a los que se producen en la mayoría de las capitales latinoamericanas. Pero esta vez lo increíble era que algunos se estaban bajando de sus autos para agarrarse a trompadas; la mayoría se insultaba y tocaba las bocinas. La luz estaba verde para ambos lados y todos querían pasar al mismo tiempo. Tendrías que haber estado ahí para ver la histeria colectiva que se había armado. De pronto pasaron dos bicicletas a nuestro lado. Eran policías de tránsito y se ubicaron en el medio de la intersección de las dos avenidas. Hicieron sonar sus silbatos, detuvieron a los de una avenida y dejaron avanzar a los de la otra. Pronto el tumulto se liberó.

Yo me quedé pensando: estos policías eran dos muchachos jóvenes; no parecían tipos muy duros y hasta se veían graciosos en sus bicicletas. Con toda su fuerza no hubieran podido mover ni a uno solo de esos automóviles. Pero tenían algo que era mucho mejor que la fuerza: representaban la autoridad del departamento de policía. La gente reconoció eso y empezó a obedecer.

¿De dónde viene la autoridad del cristiano? Jesús lo dijo claramente:

Permanezcan en mi, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por si misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mi.

Juan 15:4

La autoridad del cristiano es delegada, proviene de estar conectados con el departamento central de autori­dad; allí recibimos nuestros uniformes. La Biblia llama a esto ser revestidos por Cristo (Gálatas 3:27).

Un tirano es alguien que se considera con la prerro­gativa de determinar lo que sucederá y dispone de medios para obligar a los demás a someterse a él aun en contra de su propia voluntad. Alguien con “autoridad”, en cambio, es capaz de persuadir a los demás para que hagan su voluntad deseando hacerla y reconociendo que es lo mejor. Estas definiciones se iniciaron con Max Weber, uno de los economistas y sociólogos clásicos. Es interesante que cuando aumenta la tiranía disminuye la autoridad, y viceversa. Es que son posiciones distintas, casi opuestas.

Tan opuestas como la vida de Saúl y David. A Saúl le fue dada autoridad pero terminó tiranizando al pueblo. Un caso evidente fue cuando sentenció a muerte al que comiera antes de que terminase la batalla. Sus ataques de ira, sus órdenes repentinas, sus celos amargos y sus manipulaciones para ser el número uno hicieron que el pueblo empezara a despreciarlo. En cierta ocasión culpó a sus súbditos más fieles de conspiración. Es que los tiranos empiezan a ver fantasmas; creen que todos compiten con él o ella y entonces hacen cualquier cosa para mantener el control y el poder.

David tenía autoridad. Con él nació la verdadera monarquía de Israel mucho antes de que lo coronaran en Jerusalén. Estaba en la cueva de Adulán cuando sus hermanos y familiares fueron a ponerse de su lado. También vinieron otros:

Además, se le unieron muchos otros que estaban en apuros, cargados de deudas o  amargados.  

1Samuel 22:2

David estaba siendo perseguido nada menos que por el rey de la nación. Él era el más pequeño de una familia como cualquier otra, no pasaba los veintitantos años (fue coronado recién a los treinta, 2Samuel 3.4), y sin embargo la gente que tenía problemas empezó a acudir a él. En él había algo que atraía. También se pusieron de su lado los sacerdotes. Cuando estaban escondidos en una cueva, Saúl entró para ir al baño (la expresión “entró a cubrir sus pies” en 1Samuel 24:3 se refiere a agacharse y cubrirse con su vestido hasta los pies mientras hacía sus necesidades). Era una excelente oportunidad para que David y los que estaban de su lado pudieran matarlo. No obstante, David se negó.

No sabemos cuántos estaban con David en la cueva, pero en ese momento el joven tenía unos cuatrocientos hombres bajo su mando. Estos no pueden entender que David no quisiese tomar el reinado por la fuerza. Es Dios quien debe dárselo y David se niega a conseguirlo por si mismo haciendo algo incorrecto. Los que están con él no pueden creerlo. Así, David aumenta su autoridad. Al enterarse, ni Saúl puede creerlo. Cuando se da cuenta de lo que ha pasado rompe a llorar y él mismo reconoce la autoridad de David: “Ahora caigo en cuenta que tu serás el rey, y que consolidarás el reino de Israel”(1Samuel 24:20).

David no le había pedido a esos hombres que lo siguieran. No les dio una clase teórica de autoridad ni les habló de someterse, pero dócilmente se sujetaron a su liderazgo. ¿Por qué? Porque David estaba ungido por Dios y porque estaba protegido por su vida de adoración e intimidad con Dios.

Un dictador puede gobernar con mano de hierro usando el poder para forzar a la gente a hacer su voluntad. Usa la ignorancia, la amenaza y la intimidación. La gente le teme, no le ama.

Un líder conforme al corazón de Dios y lleno del Espíritu Santo tiene una vida que inspira a seguirlo. La gente lo ama, no le teme.

Yo fui privilegiado de tener a alguien que me mostró esta verdad cuando era joven; Jorge Ibarbalz me dio mi primera lección de autoridad en vez de tiranía, y siempre le voy a estar agradecido por eso.

 

Sacrificio versus Privilegio

Para el mundo, la vida es una carrera en busca de prestigio. Para nosotros que somos cristianos debe ser una de servicio. En teoría lo tenemos claro, pero, ¡cuánto nos cuesta aplicarlo a la vida de nuestras iglesias y ministerios! Algunos ministros parecen sentirse estrellas de Hollywood; ni hablar de algunos músicos cristianos, sobre todo en los lugares donde alcanzan mucha popularidad.

Debemos reemplazar esta tendencia al exitismo por el estilo de Cristo. Desde el primer acto de su vida hasta el último se caracterizan por la humildad y el servicio. Nacer en un establo de Belén fue todo un antecedente para marcarnos su camino. Su vida y ministerio estu­vieron caracterizados por la entrega sacrificada y, por si nos quedaba alguna duda, murió en una cruz “sacrificándose” por nosotros.

Lo más claro que dijo Jesús respecto al privilegio fue cuando la mamá de Jacobo y Juan se acercó a él para pedirle que sus hijos se sentasen a su izquierda y su derecha cuando viniese en su reino. Jesús llamó a los discípulos al fueguito y les dijo:

El que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás;
así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. 

  Mateo 20:26-28

El apóstol Pablo entendió lo que Dios pide, y por eso daba este testimonio:

Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo,
experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte.
Filipenses 3:10

¿Participar en sus sufrimientos? ¿De qué está hablando Pablo? De sacrificio. En nuestra cultura del placer y la gratificación instantánea hemos tratado de borrar esta enseñanza bíblica. A veces la borramos conscientemente cuando hablamos desde el pálpito porque no suena muy atractiva para nadie, y menos para nosotros que debemos dar el ejemplo. Preferimos hablar de Dios como si fuera Papá Noel que le trae regalitos a los que se portan bien.

Cuando James Calvert fue como misionero a los caníbales de las Islas Fidji, el capitán del barco trató de convencerlo de que era una locura lo que estaba haciendo: “Perderá su vida y la vida de aquellos que están con usted si van a predicarles a esos salvajes.” Pero Calvert le respondió:”Nosotros ya morimos antes de venir aquí.”

¡Guau! Calvert si que entendió las palabras de Jesús, cuando dijo:

Porque el que quiera salvar su vida, la perderá;
pero el que pierda su vida por mi causa y por el evangelio, la salvara. 
Marcos 8.35

Quizás estés pensando que esto es muy extremo y peligroso. ¡Te doy la bienvenida al cristianismo! Si queremos estar siempre pendientes de nuestros privilegios y de salvar nuestro pellejo, vamos a perder nuestra vida cristiana. No estoy hablando de salvación pero sí estoy hablando de vida, verdadera vida.

David estuvo dispuesto a sacrificarse Cuando fue a enfrentar al gigante. Puso en juego su reputación, su integridad física y su futuro. Saúl, en cambio, estaba enamorado de los privilegios; por eso no salió del campamento: estaba muy cómodo con sus títulos y su cortejo.

Para salir del atasco espiritual, social, económico o intelectual uno debe sacrificarse, debe pagar un precio. Lo mismo es cierto para la iglesia. Para que haya vida nueva conforme a lo que Dios quiere, tú y yo debemos estar dispuestos a sacrificarnos. Dios espera que renunciemos a nuestra comodidad y a la búsqueda de privilegios y que Vivamos por compasión a los que necesitan de Dios y por amor del nombre de nuestro Señor. El servicio sacrificado es una Ventana al cielo que siempre debe estar abierta.

 

Del Libro: Viene David
Autor: Lucas Leys , Editorial Certeza

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