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Cómo planear Charlas Creativas

Cuando yo estaba recién salido del seminario, mi primera clase de escuela dominical tenía cuatro jóvenes de la escuela secundaria, tres muchachas y un varón. Ellos estaban sentados en un cuarto donde cómodamente podrían sentarse 200 personas. Mientras leía torpemente mi lección, una muchacha miraba un libro, mientras otra se sentaba en las piernas del único muchacho que había en el aula y se rieron durante toda la clase. Marcia fue la única que de verdad me escuchó y después de la clase me dijo que su familia se estaría mudando la semana próxima. Después de “ese compromiso para dar esa charla”, seriamente puse en duda mi llamado a pararme otra vez delante del auditorio.

Sin embargo, si vamos a trabajar con jóvenes debemos hablarles. No siempre tiene que ser una experiencia desastrosa. Hablar eficazmente a los jóvenes es 10% inspiración y 90% transpiración. Por eso, estoy convencido de que no hay muchos oradores de jóvenes excelentes. Pocos están dispuestos a comprometer el tiempo y la energía que toma conmover a un auditorio joven.

Este capítulo no está escrito para causar un sentido falso de culpa. Yo estoy muy consiente de lo que representa preparar tres charlas para el mismo grupo de jóvenes cada semana. Cuando mi profesor de oratoria en el seminario nos retó a estudiar una hora por cada minuto de los que íbamos a estar en el púlpito o en el aula, yo no le creí hasta que completé mi primera semana de ministerio juvenil en la iglesia. En este capítulo quiero cubrir lo fundamental de una buena oratoria para los jóvenes y como preparar material de calidad en un corto tiempo. También quiero mirar la mayoría de los ingredientes necesarios para hablar eficazmente, más importante que las palabras que salen de su boca.

Excelencia contra perfeccionismo

Un buen orador de jóvenes tiene que estar comprometido a la excelencia. Sin embargo, no debe ser un perfeccionista. Las personas que trabajan en la iglesia y dan unas cuantas charlas a la semana junto a otras responsabilidades de los jóvenes, no se pueden dar el lujo de ser perfectos, simplemente no hay suficiente tiempo.

Sin embargo, un horario ocupado no es una excusa para dar un mensaje aburrido. Tony Campolo dice:

La predicación mediocre es responsable de muchas presentaciones pobres del evangelio y la pérdida de muchas oportunidades para llevar al pueblo al reino de Dios”.

El compromiso a la excelencia en la oratoria quiere decir, tomarse el tiempo de honrar a tus jóvenes con preparación. Cuando un orador se para frente a un grupo de personas y habla por un periodo de tiempo, tiene el raro privilegio de tener a las personas realmente escuchando lo que estás diciendo. Si la presentación no ha sido bien pensada o preparada, entonces el orador está robando a los oyentes el tiempo precioso que ellos podrían emplear en alguna otra cosa.

Actitud

Yo no estoy muy cómodo con la palabra “orador” porque trae a mi mente imágenes de una persona dinámica, bien parecida, poderosa, motivadora e increíblemente hábil parra expresarse, que conmueve a un auditorio con la belleza de su presentación. Todos estaríamos buscando nuevos trabajos, incluyendo a la mayoría de los padres de nuestra fe, si esta fuera la descripción del trabajo de un buen orador. Yo estoy más cómodo con la palabra “comunicador” porque le da menos importancia al hablar y mas al ambiente total de expresar el mensaje.

Estudios indican que en el arte de la buena comunicación y la persuasión, la actitud es mucho más importante que las palabras. Todos nosotros hemos escuchado presentaciones de oradores mediocres, pero hemos sido conmovidos por la integridad de la persona. Hay momentos en que he escuchado un sermón y he sido conmovido hasta las lágrimas más por la pasión y el entusiasmo del orador que por las palabras.

Si tú quieres hablar a los jóvenes con eficacia debes vivir lo que enseñas y comunicar el hecho de que genuinamente te preocupas por ellos.

Tu actitud es el factor decisivo en si alguien te va a escuchar o no.

Los jóvenes responden mucho mejor al mensaje no verbal que la presentación verbal. Yo estuve hablándole a un grupo grande de una denominación, en la cual dos oradores principales habían sido puestos uno detrás del otro. Un profesor iba a dar un discurso de 45 minutos, entonces una canción, y después yo. Sobra decir que fue una manera patética de poner a los oradores. El profesor se paró para dar su discurso ante una gran muchedumbre en este gran centro de convenciones. Él tomó su discurso de 14 páginas muy bien escritas a máquina y lo leyó completo. Nunca se dio cuenta de los rollos de papel sanitario que volaban por el balcón. Cuando estaba llegando al final, por lo menos la mitad de los muchachos estaban hablando y muchos caminaban alrededor del auditorio. Estoy convencido de que algunos de ellos ni siquiera se dieron cuenta cuando él se sentó.

El contacto visual es tan importante como las palabras.

Si te estás preguntando qué me pasó ese día; yo reduje mi discurso de 45 minutos a 20 con una historia de la Escritura y unos puntos humorísticos y un punto serio. Todavía no estoy seguro de si su ovación fue por mi mensaje o por el hecho de que ellos querían salir del centro de convenciones para el receso.

El mensaje no verbal del contacto visual de una sonrisa, de una lágrima o aun de tu pose, es lo que hace la diferencia entre un buen orador y uno mediocre. Usar notas está bien, pero conoce bien tu material para que las mires pocas veces. Cuando hablas a los muchachos debes pasar detrás del púlpito el menor tiempo posible. Cualquier cosa entre tu auditorio y tú se convertirá en un medio para una buena comunicación.

Ethos, Pathos y Logos

Hay tres palabras griegas que nos ayudan a entender la importancia de nuestra actitud en el mundo de la comunicación con los jóvenes y estas son: ethos, pathos, y logos.

Cada charla a una persona joven debe tener todos estos elementos dentro del discurso. Ethos es el factor de credibilidad. Los jóvenes se preguntarán: “¿Puedo confiar en usted?” Nuestra palabra “ética” viene de ethos. ¿Somos personas éticas? ¿Creemos nosotros que estamos alentando a los jóvenes a creer? ¿Hay evidencia en nuestra vida y presentación que podemos ser confiables?

El segundo elementos el pathos. Esta palabra connota empatía. Los jóvenes se preguntan: “¿Usted de verdad se preocupa por mí?” “¿Me entiende?” Para hablar con eficacia a los jóvenes debemos ganarnos el derecho de ser escuchados. Yo me he dado cuenta en nuestro grupo de jóvenes, que si me reunía con uno de ellos durante la semana e él sentía que yo me preocupaba, él se sentaba más cerca del frente. Cuando hablamos a nuestra gente, ellos deben saber que los queremos y que nos identificamos con ellos.

El tercer elemento de la actitud en la comunicación es logos o la Palabra. Si los muchachos saben que somos sinceros y que los queremos, entonces nosotros les podemos dar la verdad. La proclamación de la Palabra es esencial, pero recuerda que a las personas no le importa cuánto sabes hasta que ellos conozcan cuánto te preocupas por ellos. Asegúrate de que cuando presentas la Palabra, lo haces en un nivel que los jóvenes entienden. Yo resumiría estas tres palabras, ethos, pathos y logos, en una simple oración: Siempre sé tú mismo, siempre ama a tu auditorio y siempre haz tu tarea.

Organiza tu mensaje

El consejo más importante que te puedo dar para cuando prepares un mensaje es que seas sencillo. La sencillez es el factor principal en una buena presentación. Creo que la razón por la cual recordamos tan bien las palabras de Jesús es porque eran sencillas. Jesús usó frases cortas. Él le hablaba a la persona común. El Sermón del Monte es brillante por su sencillez.

El segundo consejo es que seas breve. Sólo porque la clase de la escuela dominical dura una hora no quiere decir que tengas que hablar la hora completa. Debido a la invasión de los medios de comunicación en la vida de los jóvenes, su capacidad de concentración es alrededor de diez minutos.

 

La idea central

Cuando prepares un mensaje necesitarás saber exactamente lo que quieres expresar a tu auditorio. Muchas personas dan charlas a los jóvenes con sólo una idea vaga del tema de su mensaje. Escribe en pocas palabras tu idea central. Tendrás que ser sencillo y directo. Estas son dos ilustraciones:

El llamado a Cristo es el llamado a servir, y Tú eres lo que tú piensas. Tus ideas principales pueden ser un poquito más largas que estas dos, pero tú quieres que la gente se acuerde de la idea central. Aquí hay un ejemplo para una idea central más larga. Las decisiones que hagas hoy te afectarán el resto de tu vida.

Una vez que hayas desarrollado tu idea central o tema tú debes ver el cuerpo de tu charla. El cuerpo consistirá de una introducción a la idea central, puntos principales, aplicación, y conclusión.

La introducción a cualquier charla es lo más importante.

 

Todo tu auditorio no estará ansioso por oír lo que vas a decir. Ellos vienen al grupo de jóvenes con otras cosas en mente. Algunos han tenido peleas con la familia. Otros están exhaustos por no dormir y algunos vienen a la reunión porque quizás ven el potencial de poder salir con alguien. Otros no están seguros de que lo que dices vale la pena. Tu introducción debe realmente captar la atención. Necesitarás en muy poco tiempo (en los primeros 30 segundos) ayudarlos a hacer la decisión de escuchar lo que tienes para decir. Puedes darles una estadística sorprendente, una pregunta punzante o relatar una anécdota interesante para crear curiosidad en ellos. Cualquier cosa que escojas varía tu método y hazlo interesante. Convéncelos en los primeros treinta segundos de que necesitan quitar su mente todo lo demás y que te escuchan. En esa introducción debes presentar la idea central.

Después de la introducción puedes desarrollar la idea central con uno o varios puntos principales. Para los jóvenes, mientras más puntos tengas más confuso será el mensaje. Asegúrate de que el punto principal explica detalladamente la idea central. El punto principal, por lo general, incluirá una escritura de la Biblia, una explicación y una ilustración. El trabajo real del cuerpo principal es exponer la idea central.

Nosotros cometemos un error cuando ahogamos a los jóvenes con demasiados puntos.

Cada charla debe tener una aplicación. Esto es lo que a mí me gusta llamar el “¿y que? de la charla. Debemos dar a los jóvenes oportunidad para contestar. Si tú estás hablando acerca del hecho de que “el llamado a Cristo es el llamado a servir”, entonces después de la charla debes tener una hoja para que firmen para la próxima misión o proyecto de servicio. La comunicación verdaderamente efectiva trae resultados.

La recta final

La conclusión de la charla es lo que los jóvenes verdaderamente recordarán toda la vida. Por eso a mí me gusta terminar con mi ilustración más poderosa y conmovedora que apunte hacia mi idea central. Algunos maestros de la oratoria nos dicen que aquí es donde debemos dar la ilustración directa. Algunas reglas que se deben seguir cuando estás haciendo la conclusión son:

Si dices “en conclusión”, dilo en serio. Todos hemos pasado por la experiencia cuando un orador dice: “Ahora para terminar” y después sigue hablando otros quince minutos. La mayoría de la gente se fue a la casa mentalmente después de haber oído la primera vez “para terminar”.

Otro principio vital (a menudo roto por los pastores) es concluir a tiempo. Si has anunciado que la reunión se va a terminar dentro de cierto tiempo, entonces termina en ese tiempo. Los muchachos se pondrán inquietos y no escucharán porque ellos han comprometido sólo cierta cantidad de tiempo. Ellos tienen otras cosas en sus mentes tales como tareas, los padres que los vienen a recoger, una salida u otras cosas. Mi sugerencia es ir corto más que largo. Es mejor tenerlos pidiendo más y no mirando el reloj preguntándose cuándo se terminará el mensaje.

 

 

LA EVOLUCIÓN DE UNA CHARLA

Ilustraciones de apertura

La idea central

¿Cuál es el tema de tu mensaje? (Una oración. Hazlo corto y directo.)

Introducción

Tú ganarás o perderás la atención de los jóvenes en los primeros 30 segundos. Necesitarás algo que atraiga su atención.

Puntos principales

¿Qué puntos principales apoyan la idea central?

Escritura

Ilustración

Explicación

Aplicación

¿Y ahora qué? ¿Cómo esto se aplica a mi vida, y qué puedo hacer?

Conclusión

La ilustración más poderosa (directa) que apunte hacia la idea central.

¿Qué deseas que ellos recuerden?

 

 

Dónde encontrar material?

El reto de estar siempre dando material fresco a los jóvenes es extremadamente difícil. Uno de los errores de los que trabajan con jóvenes es no desarrollar un buen sistema de fuentes. Enumerado abajo hay ideas que indican dónde puedes encontrar material.

  1. Saca de tu propia experiencia de la vida. Cada día experimentas algo que puede darle significado a tu mensaje en el futuro. Haz un hábito llevar una libreta y anotar ideas potenciales. Recibirás ilustraciones e ideas de conversaciones, lecturas, de observar a las personas, de la televisión, los periódicos y un sinnúmero de otras fuentes.
  2. Lee libros escritos para jóvenes. Una de las fuentes más grandes de material viene de libros escritos por personas que escriben para jóvenes. Ellos por lo general son comunicadores sobresalientes para los jóvenes, y han pasado años desarrollando su material. No cometas plagio, pero usa la perspicacia de ellos.
  3. Lee la Biblia. Mi meta es leerla completa como devocional una vez al año. Cuando leo las historias en las Escrituras, vienen a mi mente ideas que quiero compartir con los jóvenes en el futuro.
  4. Escucha casetes o cintas grabadas. Si deseas ser un gran comunicador, escucha casetes de los mejores oradores que conozcas. No sólo estarás inspirado, sino que los casetes son buena fuente de material. Debes tener el cuidado de desarrollar tu propio estilo y no imitar el estilo de oratoria de tu comunicador favorito. Sé tú mismo.
  5. Habla con los jóvenes. Continuamente pregúntales qué es importante para ellos. A mí me gusta hacerles esta pregunta: “Si ustedes fueran a hablarle a un grupo ¿qué les quisieran decir?” Haz preguntas sobre su cultura, su música y sobre las cosas que les gustan y las que no les gustan.
  6. Lee comentarios. De manera que puedas comprender mejor la Palabra de Dios, lee comentarios hechos acerca de la Biblia. Muchas veces los autores darán detalles que tú no conocías o una ilustración que es perfecta para tu charla.

 

Del Libro: El Ministerio Juvenil Dinámico
Autor:
Jim Burns, Editorial Unilit

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