La Cultura de hoy podría ser definida como un “collage” de valores trastocados donde lo que el ser humano tiene, parece y hace es lo que define su identidad y dignidad. Ya hemos descrito algunas características del proceso por el que llegamos aquí, en términos culturales. Ahora es necesario mirar hacia adentro, a lo que pasa en el interior de las personas en esta cultura posmoderna.
Una herencia de desencanto
En la época conocida como la modernidad, la humanidad había puesto su esperanza en el avance tecnológico y político que los pueblos estaban viviendo. Caían las monarquías, había guerras de independencia en todos los continentes y los avances científicos revolucionaban la vida de todos.
Era el momento justo para que un filósofo condicionara el pensamiento general. En el siglo XIX surgió un pensador muy corrosivo: Federico Nietzsche, quien “profetizó” que “el antropocentrismo del Renacimiento, el racionalismo que había construido Descartes, el poder del pueblo, el auge de la ciencia y la llegada de la modernidad terminarían por matar la idea de Dios y erigirían al hombre como única realidad total. Hasta que Dios no fuera removido de la escena, no llegaría la verdadera modernidad”. Por eso su declaración más categórica fue “Dios ha muerto”. Así fue cómo la religión dejó de tener el lugar tan importante que tenía y. más triste aun, Dios dejé de tener parte en la vida de la gente. Muchos llaman a este proceso de la historia “secularización”.
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Héredamos una sociedad donde Dios es un extraño |
Pero, ¿pasó después? Los supuestos de la modernidad no tardaron en fracasar. El entusiasmo y la esperanza depositados en el progreso no dieron frutos. A pesar de las posibilidades de comunicación, antes impensadas, hombres y mujeres siguieron sintiéndose solos. Con las grandes guerras se terminaron los grandes ideales, como que la paz era obtenible por el progreso; se acabó el interés por participaren proyectos o “utopías” y las nuevas generaciones no tardaron en descreer de todo proyecto de cambio o revolución social, pensando: “¡A mí qué me importa!”
Las nuevas generaciones sólo heredamos el desencanto, porque nadie cree ya que la tecnología y el progreso puedan arreglar nuestros problemas. Heredamos, además, una sociedad donde Dios es un extraño.
Algunas secuelas
La corrupción, el vértigo de información, [a sospecha de que todo es mera apariencia no pueden producir otra cosa que vació (en la capacidad afectiva), desinterés (en la capacidad volitiva) y fragmentación (en las capacidades intelectuales, emocionales y espirituales). El hastío, consecuencia del fracaso por alcanzar los ideales, ha producido un circulo vicioso de descreimiento y aislación. La confianza es un valor perdido. La urbanidad se ha convertido en rodearse de desconocidos con intereses de consumo que compiten con los propios.
El matrimonio Obiols, en su libro Adolescencia, pos-modernidad y escuela secundaria, destaca cómo ha cambiado nuestra constelación de palabras. Poco tiempo atrás, se hablaba de futuro, ideal, proyecto, progreso… Ahora, el léxico popular incluye expresiones como relax, light, diet, imagen, consumo, fin de la historia.., y la lista puede seguir. El cambio de connotación es claro: las primeras hablan de objetivos sociales mediatos; las últimas corresponden a la satisfacción inmediata de los sentidos.
El des Credo
Según reconocidos pensadores de la posmodernidad, el individuo de fines de siglo XX no cree en:
Una razón fundamentadora (llámese Dios, moral, etc.) que pueda proporcionar cimientos a una visión universal de la realidad (Nietzsche).
Grandes ideales que den sentido a la historia y legitimen proyectos políticos, económicos, y sociales como ocurría en la modernidad (Lyotard).
Un proyecto de vida con expectativas de desarrollo y prosecución de ideales personales que no sean económicos (Mardones).
La posmodernidad presenta la posibilidad de vivir de las apariencias, de abandonarse al momento y no prestar atención a nada que lleve al dolor, al esfuerzo o a la profundidad. Ni siquiera queda lugar para el análisis de por qué fracasaron los sueños de la modernidad.
Muchos quieren soluciones instantáneas para sus adolescentes. También eso es parte de nuestra cultura. Pero antes de elaborar propuestas es imprescindible reflexionar sobre la cultura que nos condiciona a todos. Por eso, en este bloque sobre la cultura hemos procurado ofrecer pistas que nos ayuden a interpretar mejor qué están viviendo nuestros jóvenes.
Nos acercamos un poco más, ahora, para descubrir concretamente cómo son los adolescentes hoy.
Del Libro: Adolescentes
Autor: Lucas Leys, Editorial Lagram / Certeza