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La Meta de la Comunicación

Comunicarte mejor va a ayudarte a estar más cerca de tu adolescente. Conocer como es el proceso de comunicación, qué es lo que nos impide comunicarnos bien y como podemos llegar a comunicarse en forma profunda son las temas que te brinda este artículo.

  • La comunicación afecta TODAS las relaciones de nuestra vida. Una mejor comunicación puede hacer que el adolescente se relacione mejor con Dios, con su familia, con sus amigos y hasta el día de mañana con su pareja.
  • La comunicación evita muchos PROBLEMAS graves. Seguramente recordaras algún episodio donde por “entender cualquier cosa” te metiste en un problemón tu o tu grupo de adolescentes.
  • La comunicación nos ayuda a amar realmente a nuestro prójimo. Cuando hablamos con los otros en forma “comprometida” y sin todos los filtros que llevamos incorporados activados podemos realmente llegar a la otra persona y meternos en su mundo, sentir lo que ellos sienten, y responder a sus necesidades.
  • Comunicarte bien mejora tu liderazgo. Es super importante que aprendamos a relacionarnos con nuestros chicos. Ellos nos tienen como modelo y es nuestra responsabilidad mostrarles que sabemos dialogar siendo franco con los desacuerdos pero afirmando a la persona.
  • La comunicación nos da un grupo de pertenencia saludable. Cuando aprendemos a comunicarnos “en serio” nuestras relaciones crecen. Podemos conocer al otro y el otro nos conoce en forma sincera y sin temor al rechazo. Buscar un grupo de pertenencia que nos contenga, anime y que ore por nosotros es muy importante para crecer en nuestra vida cristiana. Esta es una verdad que debes tener en cuenta para tu vida personal, y también es un desafío para los adolescentes para que sigan creciendo hasta… alcanzar la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Amen.

Esperamos que puedas aprovechar este artículo. Es un capítulo del libro “13 tentaciones que enfrenta tu familia” de Tom Eisenman. ¡Que lo disfrutes!


La falta de comunicación no significa que nadie este hablando. Tal vez hablan, pero no de las cosas que realmente importan. La meta de la comunicación es aprender a entrar en el mundo de significados unos de otros. La verdadera comunicación se da cuando las personas se encuentran y se comprenden realmente, por medio de un complejo proceso de expresión mediante palabras, gestos faciales, entonación, lenguaje corporal y contacto visual.

Aprender a comunicarnos mejor unos con otros aumenta nuestra experiencia de amor compartido. John Powell dice que la comunicación comienza con la conversación de bajo riesgo que incluye las frases rituales comunes y el informe de hechos. Desde allí comenzamos a asumir mayores riesgos al compartir ideas, juicios y emociones honestas. Finalmente, nuestra comunicación madura hasta el punto en que comenzamos a disfrutar de experiencias máximas de absoluta apertura y honestidad. Estos tipos de comunicación se caracterizan por no enjuiciar, por la ausencia de temor, por la honestidad en la expresión de las emociones y por ser mutua, de ida y de vuelta.

David Augsburger considera que este proceso pasa por etapas de maduración. Comienza por la que él llama etapa de expectativa. Los filtros de nuestro pasado dominan esta etapa temprana del proceso de comunicación. Las expectativas acerca de la vida y de los otros filtran lo que oímos y tiñen lo que decimos, de manera que es difícil la comunicación clara y abierta. Durante esta etapa es común recurrir a la manipulación. Persuadimos, seducimos, presionamos, evadimos y evitamos a otros para obtener lo que queremos.

Mas tarde, a medida que maduramos, descubrimos la comunicación como invitación. Comenzamos a renunciar a la manipulación a medida que desarrollamos las habilidades y disfrutamos de los beneficios de escuchar, invitar y ayudar a la otra persona a expresarse.

Para Augsburger, la comunicación madura es él dialogo. Este consiste en la comunicación honesta, reciproca y respetuosa. El verdadero diálogo incluye ser franco con los desacuerdos pero expresando siempre total confirmación del otro como persona. Este nivel de comunicación se basa en una profunda confianza en que cada parte puede arriesgarse a ser completamente vulnerable. Tanto Poeltt como Ausburger creen que la meta ultima de la comunicación en una relación cada vez más madura es experimentar una comunión honesta e intima de nuestros mundos personales.

Comunicar no es solo palabras
En la comunicación hablada hay tres aspectos: el verbal, el vocal, y el visual. El aspecto verbal es el contenido o las palabras que pronunciamos. El vocal incluye como coloreamos lo que decimos por medio de la entonación, el volumen y el timbre de voz. Los aspectos visuales incluyen el lenguaje corporal, los gestos, las expresiones faciales y el contacto visual. Las investigaciones han demostrado que la comunicación se recibe con mayor exactitud y se acepta mejor cuando esos tres elementos son congruentes, es decir, cuando todos los aspectos están diciendo aparentemente lo mismo. Cuando hay incongruencia, enviamos mensajes cruzados. Nos comunicamos mal. Es un error pensar que lo que más cuenta en la comunicación son las palabras que decimos. En realidad, el elemento verbal trasmite solamente el 7% de nuestro mensaje. El elemento vocal contribuye con un 38%. Y el visual es responsable del 55% del impacto total de lo que decimos… Captamos mucho mas a partir de la entonación, el lenguaje corporal y la expresión facial que a partir de las palabras.

Los aspectos fisiológicos complican aún mas este proceso. Al hablar, nuestro mensaje pasa por un peculiar filtro en la otra persona, llamado hipotálamo o cerebro primitivo. Este es el asiento de las emociones humanas. Es la porción más primitiva del cerebro y esta localizado en la base del cerebro y en el sistema límbico. Desde allí, nuestro mensaje viaja hasta la corteza cerebral, para ser procesado en forma analítica. Allí se encuentra el asiento del pensamiento consciente, la memoria, el lenguaje, la creatividad y la toma de decisiones. Cuando hablamos, invariablemente dirigimos el mensaje a esa porción del cerebro, donde ocurre el pensamiento cognitivo y la toma de decisiones. Pero para llegar hasta allí, la comunicación tiene que pasar antes por el cerebro primitivo. Los investigadores creen que este actúa como una estación de control de todos los estímulos que llegan y que allí se determina que información pasara al cerebro para análisis y cual será rechazada o ignorada. Hoy el hipotálamo clasifica la realidad de manera muy similar a como lo hacia en los primeros seres humanos. “Olfatea” el medio, haciendo preguntas subconscientes como ¿hay peligro? ¿Conviene que me quede? ¿Debo huir? ¿Es amistosa la otra persona? ¿Puedo confiar en ella? Si nuestras indicaciones no verbales sugieren que somos falsos, amenazadores o que estamos proyectando una imagen, el hipotálamo modifica nuestro mensaje verbal en la mente de la otra persona. La otra persona recibe nuestro mensaje y lo edita de acuerdo a los indicadores emocionales que ha captado. Rara vez tenemos conciencia de la cantidad de unidades de información sensorial que estamos enviando y que están siendo leídas por el cerebro primitivo de la otra persona… Un ejemplos, cuando uno tiene un profundo interés en algo, es probable que eleve demasiado el timbre de voz, inconscientemente, y exprese las palabras con demasiada intensidad. Uno piensa que sencillamente esta expresando sus ideas en forma clara y con el énfasis adecuado. Pero la intensidad puede ser interpretada por el otro como ira o como si uno estuviera fuera de control y no resultara confiable. No nos escuchará, porque transmitimos cierto nivel de amenaza.

Con todo, podemos aprender acerca de los aspectos en la comunicación que obstaculizan el diálogo abierto. Podemos aprender a expresar honestamente lo que pensamos y sentimos de tal modo que el contenido verbal sea congruente con nuestra expresión vocal y visual. Reconocer estas dificultades inherentes a la comunicación nos ayudará a transmitir el mensaje que realmente queremos dar.

Como entrar en el mundo del otro
Todos tenemos una historia familiar de interacción que nos parece normal, natural y correcta. Nuestra historia personal genera expectativas, que están presentes en todos nuestros intentos de comunicación. Estas expectativas acerca de la vida y la gente se han ido desarrollando en cada uno de nosotros, comenzando con las primeras experiencias de vinculo y continuando a lo largo de la infancia, la adolescencia y hasta la vida adulta. Con frecuencia no vemos la trama cultural que controla las expectativas que tenemos al hablar y al escuchar. Es como si hubiéramos sido hipnotizados por nuestro pasado y ahora respondemos a ciertas indicaciones que nos llegan de la manera que responderíamos a sugerencias hipnóticas.

Nuestras experiencias de vida nos llevan a construir reacciones esquematizadas. Sencillamente hacemos lo que sabemos que nos ayudó a sobrevivir en el pasado. El problema es que a menudo la gente que nos rodea saben poco de nuestra historia. No tienen la menor idea de por que reaccionamos como lo hacemos ante cierta palabra, todo de voz o actitud…

Es difícil ver, por nosotros mismos, cómo nuestras expectativas tiñen nuestra comunicación, porque simplemente las exteriorizamos sin siquiera pensar en ellas. Pero cuando permitimos que otra persona nos diga honestamente los problemas que le causa nuestro estilo de comunicación, podemos comenzar a soltar la innecesaria carga del pasado que limita nuestro diálogo actual. Tal vez su padre siempre le dio el tratamiento de silencio cuando estaba enojado con usted. Ahora, cuando alguien cercano a usted (pareja, amigo, familiar) esta callado, usted piensa que seguramente esta enojado con usted. Él le explica que no necesita estar conversando con usted para sentirse cerca. Esa es su forma de ser. Usted acepta su explicación. Aprende algo nuevo acerca de sus mundo diferentes, y nace un nuevo nivel de intimidad y conexión en su relación. Tal vez, cuando era niño, usted siempre encontraba más seguro decirle a su madre lo que ella quería escuchar en lugar de decirle la verdad. Cuando intentaba ser honesto con ella, ella explotaba y lo castigaba. Ahora usted repite ese patrón… Nuestro trasfondo personal determina en gran medida lo que decimos y como lo decimos. Al interactuar con sensibilidad, podemos aprender de qué forma nuestro estilo comunicacional ha sido modelado por nuestras experiencias pasadas y qué aspectos no funcionan favorablemente en nuevas relaciones.

Nuestro trasfondo también opera como un filtro de lo que otros nos dicen. Tenemos que tener conciencia de cómo filtramos lo que entra, por que reaccionamos de la manera en que lo hacemos ante ciertas palabras, gestos, posturas, actitudes… reacciones que con frecuencia desconciertan. A medida que caen las barreras, habrá menos malos entendidos dolorosos y usted logrará un dialogo mas profundo y autentico.

 

Del Libro: 13 tentaciones que enfrenta tu familia 
Autor:
Tom Eisenman, Editorial Certeza Argentina

 

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