En nuestra cultura, la adolescencia no es algo que ocurre de golpe. Algunos padres recién se dan cuenta de que sus niñas se hicieron adolescentes cuando al entrar a su casa se encuentran con ese peludo, que hace apenas un mes llegó a la iglesia, tirado en un sillón.
Las referencias que orientan al adolescente que busca su identidad van cambiando. Los padres todavía son un espejo importante, que les refleja quiénes son y cuánto valen; pero, poco a poco, el grupo de amigos toma cada vez más importancia.
Los padres
Este proceso es como un camino sinuoso, donde el uso de los mecanismos adaptativos y la búsqueda de un grupo de pertenencia presenta altibajos. Daremos un resumen de las etapas que atraviesa la relación entre padres e hijos:
- El niño entra en la adolescencia a la edad de 11, 12 ó 13 años. Sigue dependiendo mayormente de sus padres para satisfacer sus necesidades físicas, emocionales y espirituales. En esta etapa, los padres, pese a ser duramente evaluados, pueden seguir siendo el modelo y ejemplo de los hijos.
Mientras se lleva a cabo la transformación física y sexual comienza una etapa de confusión emocional. En este periodo el adolescente puede llegar a avergonzarse o hasta acomplejarse, si no comprende que sus cambios son normales. La autoestima es alimentada especialmente por los padres.
No es raro que sienta melancolía y que muestre cambios dramáticos en los sentimientos. En esta etapa los padres pueden proporcionar estabilidad, mostrándose disponibles para hablar sobre los cambios físicos. - Los adolescentes empiezan a pensar más por sí mismos. Los padres suelen cometer el error de confundir diferencias de opinión con rebeldía, lo que ocurre es que los hijos se tornan más independientes en su manera de percibir el mundo. Es importante escuchar sus opiniones con paciencia. Si tenemos presente qué es lo que está cambiando en cada etapa, podremos entender qué hay detrás de lo que dicen.
Necesita
“practicar”
ser individuo
Una madre resumía su queja: ‘Yo digo que está nublado y él dice que salió el sol.’ Con cariño le expliqué a esta señora lo que su hijo estaba viviendo y le aconsejé no tomarse tan seriamente esos comentarios. ¿Para qué provocar una pelea por si está o no nublado?
- Cuando comienza a sentirse independiente, el adolescente seguramente intentará probar sus propios límites. Tal vez deje de ser el ‘chico que era’, obediente y dispuesto. Necesita ‘practicar’ ser individuo.
Si los padres le ofrecen sólo derechos y privilegios, no aprenderá a contraer obligaciones. Si todo lo que recibe son restricciones y obligaciones puede resentirse y perder la capacidad para disfrutar de la vida, y aun puede rebelarse. Es importante que los adolescentes asuman responsabilidades mientras se les amplían las libertades.
- llegará el momento en que los adolescentes prefieran hablar con sus amigos más que con sus padres. Están buscando su propia identidad mediante la identificación y la diferenciación. Al avanzar en la adolescencia, tendrán dudas acerca de lo que pueden llegar a ser y hacer. Lo que necesitan de parte de sus padres es confianza y ‘crédito’ ante el fracaso.
- En la etapa final quizás sea cuando más se note la actitud de pendular entre lo infantil y lo maduro. Oscilarán entre un gran aburrimiento y un enorme interés por alguna actividad. Por eso resultan tan impredecibles.
Lo importante es reconocer su esfuerzo por crecer y no enfocar tanto nuestra atención en su aparente desinterés.
El Grupo
Como mencioné, aparece en la adolescencia la necesidad de tener otro espejo donde mirarse, donde encontrar reconocimiento y aprobación para seguir consolidando la propia identidad. Así se fabrica un nuevo marco donde los adolescentes se conocen, reconocen y valorizan: el grupo de referencia. Estos grupos pueden volverse verdaderas ‘tribus’ donde se viven situaciones de poder, de pertenencia, de conflicto, de territorio y de competencia.
Códigos
Los adolescentes desarrollan códigos propios que los diferencian y que excluyen a otros, ya sea a pares de otras tribus o a los mismos padres, que desconocen el nuevo léxico. Es una manera de diferenciarse de los que no están en ‘onda’ y no pueden entender ‘lo de ellos’. Además de palabras nuevas, inventadas, fuera de lugar o en otro idioma, los códigos incluyen posturas y maneras específicas de pronunciar.
VestimentaEn el proceso de definir identidad se usan distintas ‘caretas’. La moda suele ser parte del disfraz. El adolescente se viste como imagina que quieren verlo los demás, es decir, sus amigos, su grupo de pertenencia. No sólo es una cuestión de ‘pilchas’, el pelo suele ser parte de esa onda. Como todavía no confían en sus gustos, ni saben realmente cuáles son, descansan en las marcas que los medios les dictan. Pueden tener veinte jeans en el armario, pero si ahora salió uno con la bragueta en la cola y lo usan las modelos, no pueden dejar de tenerlo. Muchos padres no entienden la compulsión con que sus hijos necesitan comprarse ropa, porque no saben que la falta de determinado accesorio puede significar quedar out, desvalorizado y rechazado por el grupo de pares. |
La música
Los medios han saturado el aire de sonido y han provisto a los adolescentes otro factor para diferenciarse. No sólo se trata de disfrutar de la música que les gusta, sino identificarse con un tipo de música que ‘les cabe’ a sus compañeros y los diferencia de sus padres.
Modelos
Para los adolescentes, tener modelos con quienes identificarse es una manera de establecer preferencias y objetivos para llegar a afianzar su propia identidad. A menos que quieran llamar la atención, lo probable es que escojan modelos colectivos. Todo el grupo se hará ‘hincha’ o fan de determinado artista, músico o deportista.